martes, noviembre 16, 2010


Shine through


Ha sido un período particularmente difícil.

Verla en la camilla, verde, fría, con vaselina en los ojos y un drenaje sangriento... perturba. Perturba sobre todo por la relación que tenemos, compleja y llena de asperezas. De cariño duro, letra que con sangre entra. Mucha rabia, mucho resentimiento. Suelo culparla de lo que no funciona bien conmigo, y con mis estudios en psicología del desarrollo me atrevo a decir que tengo razón... pero hay algo que subyace y es un cariño. Complejo y no siempre visible, pero está. Y duele no poder abrazarla por tener barreras psíquicas y psicológicas que me lo impiden, que me hacen volverme de hierro al verla. Tiesa. Inquebrantable. Impenetrable. He perdonado casi todo, pero no puedo perdonarla a ella, y ahí será donde el viaje de madurez termine, pero no he llegado a ello. Y no veo llegar pronto.

Siempre me he sabido una persona prejuiciable y he vivido con ello. No me gusta, pero no me interesa. Una y otra vez se habla de lo mismo, primeras impresiones muy malas, mucho distanciamiento provocado por una actitud que se percibe como poco real. Y claro que es poco real, es una forma que incorporé, un mecanismo de defensa que debo tener para protegerme de los mismos idiotas que han estado siempre y son finalmente los mismos que vuelven luego a decirme que mi forma de actuar no les place. No sé manejarlos ni enfrentarlos y no lo hago, lo dejo de lado. Lo pospongo como pospongo todo.
Me habló de que me subestimaba.
De que no me entendía.
De que no le interesaba.
De lo mucho que le atraía mi persona de una forma energética pero lo mucho que su mente se esforzaba por bloquearme.
De lo tranquila que estuvo cuando yo no estaba.
De que me enfoco en los problemas pequeños, cuando se nota que tengo muchos problemas más grandes, sus palabras exactas fueron "se nota la mochila que llevas, tu develas eso, pero se devela también que no te haces cargo de ellos".

Claro que no me hago cargo de ellos, no tengo permiso para hacerlo. Se me exige contenerme, se me exige cumplir. Y lo hago casi sagradamente, posponiéndome en todo momento en pos del trabajo, de la pareja, de los amigos, etc. Y aún así hago todo ello con una motivación total y absolutamente egocéntrica... Es más fácil preocuparme de lo externo que lo interno para así no colapsar y no... terminar mirando la pared blanca con vendas. Así funciona y no se va a entender, y, una vez más, no me puedo hacer cargo de ello.

Extrañamente doy pasos más tranquila. Me observo menos desde afuera. Me tapo menos las ojeras. Ya no voy posando y buscando la luz en mis buenos ángulos. Pero mis caderas se mueven como siempre, mi escencia sigue ahí. Una vez más. Tiesa. Inquebrantable. Impenetrable.

Mi cuerpo no resiste. No duermo, no como. Pienso maquinalmente sin detenerme más que para un llanto ocacional encerrada en un baño cuidando no perder el control sobre mis instintos más adictivos. Me desvanezco con cada movimiento repentino y mi miedo más grande es desmayarme en escena. EN ESCENA. Ni siquiera en una escalera o en la tina o manejando. En escena. Mis prioridades pueden estar desordenadas, pero es la estructura que tengo para lidiar con todo: un problema a la vez. Qué es problema y qué no lo es lo dicta la urgencia que tiene, no cuánto me importa. Ejecutivamente mi esquema de existencia y supervivencia es utilísimo. Aun que cobra carísimo.

Sí. Ha sido un período particularmente difícil en muchísimos aspectos. Pero he tenido períodos infinitamente peores... and i've shone through.


Así habló cabeza borradora a las 6:24 p. m.

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